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Delaware State University Students Bring an Anti Bullying Forum to the ECHS

Paola Eden



Paola Eden Delgado Polanco era una joven luchadora y llena de vida; encantadora con su sencillez y humildad.


Paola Eden

Paola Eden Delgado Polanco was a young thriving girl and full of life, with charming simplicity and humility.

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Los Archivos Públicos de Delaware Presentan Nuevo Servicio para la Comunidad Hispana en Delaware.


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The health conference for women sponsored by Christiana Care counted with the attendance of more than 250 people

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Obama habla sobre Inmigración


Casa Blanca/White House




Versión completa del discurso del Presidente, el 20 de noviembre, sobre inmigración.

20 de Noviembre de 2014- Conciudadanos, esta noche, me gustaría hablarles acerca de la inmigración.

“¿Somos una nación que echa a un inmigrante esperanzado que se esfuerza?”

Durante más de 200 años, nuestra tradición de acoger a los inmigrantes de todo el mundo nos ha dado una enorme ventaja sobre otras naciones. Nos ha mantenido jóvenes, dinámicos y emprendedores. Ha modelado nuestro carácter como pueblo con posibilidades ilimitadas, personas no atrapadas por nuestro pasado, sino capaces de reinventarnos como queramos.

Pero hoy en día, nuestro sistema de inmigración no funciona, y todos lo saben.

Las familias que entran en nuestro país de la manera correcta y respetan las reglas ven como otros las incumplen. Los dueños de negocios que ofrecen a sus trabajadores buenos salarios y beneficios ven a la competencia explotar inmigrantes indocumentados pagándoles mucho menos. A todos nosotros nos ofende que cualquiera se lleve todas las recompensas de vivir en Estados Unidos sin cumplir con las responsabilidades que acarrea vivir en Estados Unidos. Y los inmigrantes indocumentados que desesperadamente quieren abrazar esas responsabilidades no ven más opción que permanecer en las sombras, o arriesgarse a que sus familias se vean separadas.

Ha sido así durante décadas. Y durante décadas, no hemos hecho mucho al respecto.

Cuando asumí el cargo, me comprometí a arreglar este sistema de inmigración que no funciona. Y empecé haciendo lo que pude para asegurar nuestras fronteras. Hoy en día, contamos con más agentes y tecnología desplegados para asegurar nuestra frontera sur que en cualquier otro momento de nuestra historia. Y en los últimos seis años, los cruces ilegales de la frontera se han reducido en más de la mitad. A pesar de que este verano, hubo un breve repunte en los niños no acompañados que se aprehendieron en nuestra frontera, el número de esos niños es ahora en realidad menor de lo que ha sido en casi dos años. En general, el número de personas que tratan de cruzar nuestra frontera ilegalmente está en su nivel más bajo desde la década de los 70. Esos son los hechos.

Mientras tanto, he trabajado con el Congreso en una solución integral, y el año pasado, 68 demócratas, republicanos e independientes se unieron para aprobar un proyecto de ley bipartidista en el Senado. No era perfecto. Era un compromiso, pero reflejaba el sentido común. Habría duplicado el número de agentes de la patrulla fronteriza, mientras ofrecía a los inmigrantes indocumentados un camino hacia la ciudadanía si pagaban una multa, comenzaban a pagar impuestos y volvían al final de la fila. Y expertos independientes dijeron que ello ayudaría a crecer nuestra economía y reducir nuestro déficit.

Si la Cámara de Representantes hubiese permitido a ese tipo de proyecto de ley una simple votación a favor o en contra, habría sido aprobado con el apoyo de ambos partidos, y hoy en día sería la ley. Pero durante un año y medio, los líderes republicanos de la Cámara se han negado a permitir esa simple votación.

Sigo creyendo que la mejor manera de resolver este problema es trabajar juntos para aprobar ese tipo de ley de sentido común. Pero hasta que eso ocurra, hay medidas que tengo la autoridad legal para tomar como Presidente –los mismos tipos de medidas adoptadas por presidentes demócratas y republicanos antes que yo- que ayudarán a que nuestro sistema de inmigración sea más justo y más adecuado.

Esta noche, estoy anunciando esas medidas.

En primer lugar, construiremos sobre nuestro progreso en la frontera con recursos adicionales para nuestras fuerzas del orden público para que puedan detener el flujo de cruces ilegales, y acelerar el retorno de aquellos que crucen.

En segundo lugar, haré que sea más fácil y más rápido para los inmigrantes altamente cualificados, licenciados y empresarios quedarse y contribuir a nuestra economía, como han propuesto muchos líderes empresariales.

En tercer lugar, tomaremos medidas para hacer frente de manera responsable a los millones de inmigrantes indocumentados que ya viven en nuestro país.

Deseo decir algo más acerca de este tercer asunto, ya que genera más pasión y controversia. A pesar de que somos una nación de inmigrantes, también somos una nación de leyes. Los trabajadores indocumentados incumplieron nuestras leyes de inmigración, y creo que deben rendir cuentas -especialmente aquellos que pueden ser peligrosas. Por eso, en los últimos seis años, las deportaciones de delincuentes han aumentado hasta un 80 por ciento. Y es por eso que vamos a seguir concentrando los recursos de aplicación del orden público en las amenazas reales a nuestra seguridad. En los delincuentes, no en las familias. En los criminales, no en los niños. En los miembros de pandillas, no en una madre que está trabajando duro para mantener a sus hijos. Daremos prioridad, como lo hace cada día la aplicación de ley.

Pero incluso mientras nos centramos en la deportación de criminales, el hecho es que millones de inmigrantes -en todos los estados, de toda raza y nacionalidad- todavía vivirán aquí ilegalmente. Y seamos honestos -rastrear, detener y deportar a millones de personas no es realista. Cualquiera que sugiera lo contrario no está siendo sincero. Tampoco es lo que somos como personas que viven en Estados Unidos. Después de todo, la mayoría de estos inmigrantes han estado aquí mucho tiempo. Trabajan duro, a menudo en empleos difíciles y de baja remuneración. Mantienen a sus familias. Rezan en nuestras iglesias. Muchos de sus hijos han nacido en Estados Unidos o han pasado aquí la mayor parte de sus vidas, y sus esperanzas, sueños y patriotismo son los mismos que los nuestros.

Como mi predecesor, el Presidente Bush, dijo hace tiempo: “Son parte de la vida de Estados Unidos”.

Ahora, la cuestión es esta: esperamos que la gente que vive en este país siga las reglas. Esperamos que aquellos que se meten en la fila no serán recompensados injustamente. Así que vamos a ofrecer lo siguiente: Si usted ha estado en Estados Unidos por más de cinco años; si tiene hijos que son ciudadanos de EE. UU. o residentes legales; si se inscribe, se comprueba que no tiene antecedentes penales, y está dispuesto a pagar la parte de impuestos que le corresponde, entonces podrá pedir quedarse en este país de manera temporal sin temor a ser deportado. Podrá salir de la oscuridad y tener todo en regla.

De eso se trata esta oportunidad. Ahora, aclaremos lo que no se ofrecerá. No será aplicable para nadie que haya entrado a este país en fecha reciente. No será aplicable para nadie que venga a Estados Unidos de manera ilegal en el futuro. No otorga ciudadanía ni el derecho de quedarse aquí de manera permanente ni ofrece los mismos beneficios que reciben los ciudadanos – sólo congreso lo puede hacer. Lo único que estamos ofreciendo es no deportarlo.

Sé que algunas personas que critican esta medida la llaman amnistía. Sin embargo, no lo es. Amnistía es el sistema de inmigración que tenemos hoy en día: millones de personas que viven aquí sin pagar sus impuestos ni acatar las leyes, mientras que los políticos utilizan este problema para asustar a la gente y acumular votos en tiempo de elecciones.

Eso es la verdadera amnistía: dejar este sistema que no funciona como está. Una amnistía masiva sería injusta, pero una deportación masiva sería tanto imposible como contraria a nuestro carácter. Lo que estoy describiendo en este momento es responsabilidad; una estrategia con mucho sentido que alcanza un punto medio: Si reúne las condiciones, puede salir de las sombras y hacer todo conforme a la ley. Si es un delincuente, será deportado. Si tiene pensado entrar a Estados Unidos de manera ilegal, acaban de aumentar las posibilidades de que lo capturen y envíen de regreso.

Las medidas que estoy tomando no solamente son legítimas, sino que son el tipo de medidas que cada uno de los presidentes republicanos y demócratas ha tomado en la última mitad del siglo. Tengo una sola respuesta para aquellos integrantes del Congreso que cuestionan mi autoridad para lograr que nuestro sistema migratorio funcione mejor, o cuestionan mi sensatez en actuar cuando el Congreso no lo hizo: Aprueben un proyecto de ley. Quiero colaborar con ambos partidos para que se apruebe una solución legislativa con mayor permanencia. Las medidas que tomo ahora ya no serán necesarias el día en que firme ese proyecto de ley. Mientras tanto, no permitan que un desacuerdo en cuanto a un solo problema sea el motivo de ruptura con respecto a todos los problemas. Así no es como funciona nuestra democracia, y no hay duda alguna del Congreso no debería cerrar de nuevo nuestra administración simplemente porque no estamos de acuerdo en esto. Las personas que viven en Estados Unidos están cansadas de que todo se paralice. Lo que he necesita nuestro país de nosotros en este momento es un objetivo común: un propósito superior.

La mayoría de las personas que viven en EE. UU. apoyan los tipos de reformas de las que hemos hablado esta noche. No obstante, entiendo la disconformidad que algunos de ustedes en casa. Millones de nosotros, incluido yo mismo, descendemos de familias que han estado en este país por generaciones, tenemos ancestros que trabajaron muy duro para ser ciudadanos. De manera que no nos gusta la noción de que cualquiera pueda obtener un pase gratis para ser ciudadano de Estados Unidos. Sé que a algunos les preocupa que la migración cambiará el tejido que nos caracteriza, o que habrá menos trabajos, o que perjudicará más a las familias de clase media en un momento en el que ya sienten que no les ha ido muy bien por más de una década. Tengo presentes sus inquietudes. Sin embargo, estas medidas no ocasionarán lo anterior. Nuestra historia y los hechos muestran que los inmigrantes son una ventaja neta para nuestra economía y nuestra sociedad. Así que creo que es importante que todos de nosotros tengamos este debate sin poner en duda el carácter del otro.

Porque a pesar de todos los desacuerdos en Washington, tenemos que recordar que este debate se trata de algo más grande. Se trata de lo que somos como país, y que queremos ser para las generaciones futuras.

¿Somos una nación que tolera la hipocresía de un sistema en el que los trabajadores que recogen nuestra fruta y que tienden nuestras camas nunca tienen la oportunidad de estar bien con la ley? ¿O somos una nación que les da una oportunidad de compensar, asumir responsabilidad, y dar un mejor futuro a sus hijos?

¿Somos una nación que acepta la crueldad de alejar a los niños de los brazos de sus padres? ¿O somos una nación que valora las familias, y trabaja para mantenerlos juntos?

¿Somos una nación que educa a los mejores y más brillantes en nuestras universidades del mundo, solo para enviarlos a casa para crear empresas en los países que compiten contra nosotros? ¿O somos una nación que fomenta que se queden para crear trabajos, empresas e industrias aquí en Estados Unidos?

De eso se trata este debate. Necesitamos algo más que política cuando se trata de la inmigración; necesitamos debate congruente, reflexivo y compasivo que se enfoca en nuestras esperanzas, no nuestros miedos.

Sé que la política de este tema conlleva varias dificultades. Pero permítanme decirles por qué he llegado a sentirme tan fuertemente sobre este tema. En los últimos años, he visto la determinación de los padres inmigrantes que trabajaban dos o tres trabajos, sin recibir ni un centavo del gobierno, y en de riesgo en todo momento de perderlo todo, solo para construir una mejor vida para sus hijos. He visto la angustia y la ansiedad de los niños cuyas madres podrían ser alejadas de ellos por no tener la documentación adecuada. He visto la valentía de los estudiantes que, a excepción de las circunstancias de su nacimiento, son tan estadounidenses como Malia o Sasha, valientemente salen como indocumentados con la esperanza de poder hacer una diferencia en un país que aman. Estas personas, nuestros vecinos, nuestros compañeros, nuestros amigos, no vinieron aquí de oportunistas o para obtener una vida fácil. Ellos vinieron a trabajar, estudiar, y servir en nuestras fuerzas armadas, y sobre todo, contribuyen al éxito de Estados Unidos.

Mañana, viajaré a Las Vegas y me reuniré con algunos de estos estudiantes, incluyendo una joven mujer llamada Astrid Silva. A Astrid la trajeron a Estados Unidos cuando tenía cuatro años de edad. Sus únicas posesiones eran una cruz, su muñeca y el vestido con volantes que llevaba puesto – un vestido que su madre ha hecho. Cuando comenzó la escuela, no hablaba nada de inglés. Para ponerse al nivel de los otros niños, ella leía el periódico y miraba PBS; y así se convirtió en una buena estudiante. Su padre trabajaba como jardinero. Su madre limpiaba la casa de otras personas. Ellos no la dejaban presentar a Astrid una solicitud para ingresar a una escuela magnet de tecnología por temor a que los trámites revelaran que ella era una inmigrante indocumentada; por lo que ella presentó la solicitud a espaldas de sus padres e ingresó. Sin embargo, ella generalmente vivió en las sombras, hasta que su abuela, quien venía de visita todos los años desde México, falleció y ella no pudo viajar al funeral sin el riesgo de ser descubierta y deportada. Fue en ese momento que decidió abogar por ella misma y por otros como ella; y hoy Astrid Silva está un estudiante de colegio trabajando para obtener su tercer título.

¿Somos una nación que echa a un inmigrante esperanzado que se esfuerza como Astrid o somos una nación que encuentra una manera de darle la bienvenida?

Las Escrituras nos dicen que no debemos oprimir al inmigrante, porque conocemos el corazón de un inmigrante, ya que una vez fuimos inmigrantes.

Mis conciudadanos, nosotros somos y siempre seremos una nación de inmigrantes. Nosotros también una vez fuimos inmigrantes. Y si nuestros antepasados fueron inmigrantes que cruzaron el Atlántico, o el Pacífico o el Río Grande, simplemente estamos aquí porque este país les dio la bienvenida y les enseñó que ser estadounidense va más allá de cómo nos vemos o de nuestros apellidos o qué religión que practicamos. Lo que nos hace estadounidenses es nuestro compromiso compartido de un ideal; que todos somos creados iguales, y que todos tenemos la oportunidad de hacer de nuestra vida lo que deseamos.

Ese es el país que nuestros padres, abuelos y generaciones antes que ellos construyeron para nosotros. Esa es la tradición que debemos mantener. Esa es la herencia que debemos dejar para los que están por venir.

Gracias, que Dios los bendiga y que Dios bendiga a este país que tanto amamos.




Obama on Immigration

Remarks by the president in address to the nation on immigration

November 20 2014

My fellow Americans, tonight, I’d like to talk with you about immigration.

For more than 200 years, our tradition of welcoming immigrants from around the world has given us a tremendous advantage over other nations.  It’s kept us youthful, dynamic, and entrepreneurial.  It has shaped our character as a people with limitless possibilities –- people not trapped by our past, but able to remake ourselves as we choose.

But today, our immigration system is broken -- and everybody knows it.

Families who enter our country the right way and play by the rules watch others flout the rules.  Business owners who offer their workers good wages and benefits see the competition exploit undocumented immigrants by paying them far less.  All of us take offense to anyone who reaps the rewards of living in America without taking on the responsibilities of living in America.  And undocumented immigrants who desperately want to embrace those responsibilities see little option but to remain in the shadows, or risk their families being torn apart.

It’s been this way for decades.  And for decades, we haven’t done much about it.

When I took office, I committed to fixing this broken immigration system.  And I began by doing what I could to secure our borders.  Today, we have more agents and technology deployed to secure our southern border than at any time in our history.  And over the past six years, illegal border crossings have been cut by more than half.  Although this summer, there was a brief spike in unaccompanied children being apprehended at our border, the number of such children is now actually lower than it’s been in nearly two years.  Overall, the number of people trying to cross our border illegally is at its lowest level since the 1970s.  Those are the facts.

Meanwhile, I worked with Congress on a comprehensive fix, and last year, 68 Democrats, Republicans, and independents came together to pass a bipartisan bill in the Senate.  It wasn’t perfect.  It was a compromise.  But it reflected common sense.  It would have doubled the number of border patrol agents while giving undocumented immigrants a pathway to citizenship if they paid a fine, started paying their taxes, and went to the back of the line.  And independent experts said that it would help grow our economy and shrink our deficits.

Had the House of Representatives allowed that kind of bill a simple yes-or-no vote, it would have passed with support from both parties, and today it would be the law.  But for a year and a half now, Republican leaders in the House have refused to allow that simple vote.

Now, I continue to believe that the best way to solve this problem is by working together to pass that kind of common sense law.  But until that happens, there are actions I have the legal authority to take as President –- the same kinds of actions taken by Democratic and Republican presidents before me -– that will help make our immigration system more fair and more just.

Tonight, I am announcing those actions.

First, we’ll build on our progress at the border with additional resources for our law enforcement personnel so that they can stem the flow of illegal crossings, and speed the return of those who do cross over.

Second, I’ll make it easier and faster for high-skilled immigrants, graduates, and entrepreneurs to stay and contribute to our economy, as so many business leaders have proposed.

Third, we’ll take steps to deal responsibly with the millions of undocumented immigrants who already live in our country.

I want to say more about this third issue, because it generates the most passion and controversy.  Even as we are a nation of immigrants, we’re also a nation of laws.  Undocumented workers broke our immigration laws, and I believe that they must be held accountable -– especially those who may be dangerous.  That’s why, over the past six years, deportations of criminals are up 80 percent.  And that’s why we’re going to keep focusing enforcement resources on actual threats to our security.  Felons, not families.  Criminals, not children.  Gang members, not a mom who’s working hard to provide for her kids.  We’ll prioritize, just like law enforcement does every day.

But even as we focus on deporting criminals, the fact is, millions of immigrants in every state, of every race and nationality still live here illegally.  And let’s be honest -– tracking down, rounding up, and deporting millions of people isn’t realistic.  Anyone who suggests otherwise isn’t being straight with you.  It’s also not who we are as Americans.  After all, most of these immigrants have been here a long time.  They work hard, often in tough, low-paying jobs.  They support their families.  They worship at our churches.  Many of their kids are American-born or spent most of their lives here, and their hopes, dreams, and patriotism are just like ours.  As my predecessor, President Bush, once put it:  “They are a part of American life.”

Now here’s the thing:  We expect people who live in this country to play by the rules.  We expect that those who cut the line will not be unfairly rewarded.  So we’re going to offer the following deal:  If you’ve been in America for more than five years; if you have children who are American citizens or legal residents; if you register, pass a criminal background check, and you’re willing to pay your fair share of taxes -- you’ll be able to apply to stay in this country temporarily without fear of deportation.  You can come out of the shadows and get right with the law.  That’s what this deal is.

Now, let’s be clear about what it isn’t.  This deal does not apply to anyone who has come to this country recently.  It does not apply to anyone who might come to America illegally in the future.  It does not grant citizenship, or the right to stay here permanently, or offer the same benefits that citizens receive -– only Congress can do that.  All we’re saying is we’re not going to deport you.

I know some of the critics of this action call it amnesty.  Well, it’s not.  Amnesty is the immigration system we have today -– millions of people who live here without paying their taxes or playing by the rules while politicians use the issue to scare people and whip up votes at election time.

That’s the real amnesty –- leaving this broken system the way it is.  Mass amnesty would be unfair.  Mass deportation would be both impossible and contrary to our character.  What I’m describing is accountability –- a common-sense, middle-ground approach:  If you meet the criteria, you can come out of the shadows and get right with the law.  If you’re a criminal, you’ll be deported.  If you plan to enter the U.S. illegally, your chances of getting caught and sent back just went up.

The actions I’m taking are not only lawful, they’re the kinds of actions taken by every single Republican President and every single Democratic President for the past half century.  And to those members of Congress who question my authority to make our immigration system work better, or question the wisdom of me acting where Congress has failed, I have one answer:  Pass a bill.

I want to work with both parties to pass a more permanent legislative solution.  And the day I sign that bill into law, the actions I take will no longer be necessary.  Meanwhile, don’t let a disagreement over a single issue be a dealbreaker on every issue.  That’s not how our democracy works, and Congress certainly shouldn’t shut down our government again just because we disagree on this.  Americans are tired of gridlock.  What our country needs from us right now is a common purpose –- a higher purpose.

Most Americans support the types of reforms I’ve talked about tonight.  But I understand the disagreements held by many of you at home.  Millions of us, myself included, go back generations in this country, with ancestors who put in the painstaking work to become citizens.  So we don’t like the notion that anyone might get a free pass to American citizenship.

I know some worry immigration will change the very fabric of who we are, or take our jobs, or stick it to middle-class families at a time when they already feel like they’ve gotten the raw deal for over a decade.  I hear these concerns.  But that’s not what these steps would do.  Our history and the facts show that immigrants are a net plus for our economy and our society.  And I believe it’s important that all of us have this debate without impugning each other’s character.

Because for all the back and forth of Washington, we have to remember that this debate is about something bigger.  It’s about who we are as a country, and who we want to be for future generations.

Are we a nation that tolerates the hypocrisy of a system where workers who pick our fruit and make our beds never have a chance to get right with the law?  Or are we a nation that gives them a chance to make amends, take responsibility, and give their kids a better future.

Are we a nation that accepts the cruelty of ripping children from their parents’ arms?  Or are we a nation that values families, and works together to keep them together?

Are we a nation that educates the world’s best and brightest in our universities, only to send them home to create businesses in countries that compete against us?  Or are we a nation that encourages them to stay and create jobs here, create businesses here, create industries right here in America?

That’s what this debate is all about.  We need more than politics as usual when it comes to immigration.  We need reasoned, thoughtful, compassionate debate that focuses on our hopes, not our fears.  I know the politics of this issue are tough.  But let me tell you why I have come to feel so strongly about it.

Over the past few years, I have seen the determination of immigrant fathers who worked two or three jobs without taking a dime from the government, and at risk any moment of losing it all, just to build a better life for their kids.  I’ve seen the heartbreak and anxiety of children whose mothers might be taken away from them just because they didn’t have the right papers.  I’ve seen the courage of students who, except for the circumstances of their birth, are as American as Malia or Sasha; students who bravely come out as undocumented in hopes they could make a difference in the country they love.

These people –- our neighbors, our classmates, our friends –- they did not come here in search of a free ride or an easy life.  They came to work, and study, and serve in our military, and above all, contribute to America’s success.

Tomorrow, I’ll travel to Las Vegas and meet with some of these students, including a young woman named Astrid Silva.  Astrid was brought to America when she was four years old.  Her only possessions were a cross, her doll, and the frilly dress she had on.  When she started school, she didn’t speak any English.  She caught up to other kids by reading newspapers and watching PBS, and she became a good student.  Her father worked in landscaping.  Her mom cleaned other people’s homes.  They wouldn’t let Astrid apply to a technology magnet school, not because they didn’t love her, but because they were afraid the paperwork would out her as an undocumented immigrant –- so she applied behind their back and got in.  Still, she mostly lived in the shadows –- until her grandmother, who visited every year from Mexico, passed away, and she couldn’t travel to the funeral without risk of being found out and deported.  It was around that time she decided to begin advocating for herself and others like her, and today, Astrid Silva is a college student working on her third degree.

Are we a nation that kicks out a striving, hopeful immigrant like Astrid, or are we a nation that finds a way to welcome her in?  Scripture tells us that we shall not oppress a stranger, for we know the heart of a stranger –- we were strangers once, too.

My fellow Americans, we are and always will be a nation of immigrants.  We were strangers once, too.  And whether our forebears were strangers who crossed the Atlantic, or the Pacific, or the Rio Grande, we are here only because this country welcomed them in, and taught them that to be an American is about something more than what we look like, or what our last names are, or how we worship.  What makes us Americans is our shared commitment to an ideal -– that all of us are created equal, and all of us have the chance to make of our lives what we will.

That’s the country our parents and grandparents and generations before them built for us.  That’s the tradition we must uphold.  That’s the legacy we must leave for those who are yet to come.

Thank you.  God bless you.  And God bless this country we love.

Voluntarios por la Humanidad


Gabriel Pilonieta-Blanco

Left to Right; John Morrison, Lyle Wallig, Bob Rogers, Maritza Martinez, Harvey Morris and Herb Boden




Habitat para la humanidad siempre tiene las puertas abiertas para los voluntarios que quieran hacer algo diferente, y que valga la pena, en su tiempo libre.

Maritza Martínez, la coordinadora de voluntarios de hábitat para la humanidad en el condado de new Castle es una dinámica joven siempre sonriente y muy apasionada por su trabajo al que le ve el verdadero sentido de la vida. Para Maritza ser voluntario es estar vivo, y devolver algo a la comunidad de la que formamos parte, y con “Hábitat los voluntarios trabajan unidos para darle la oportunidad a familias que no soñaban siquiera en tener casa propia y hacerlo una realidad.”

“Es la manera de revitalizar los vecindarios, ayudando a la gente a tener el orgullo se ser propietario de su casa en lugar de estar siempre arrendando, la gente cuida más los suyo,” aclara Martínez. Los voluntarios muchas veces son patrocinados por las mismas empresas donde trabajan: industrias, bancos, etc. y viene en grupos, pero también participan los voluntarios que vienen por cuenta propia. “Es una manera de formar nuevas amistades, conocer gente, y formar parte de la comunidad.”

Durante nuestra visita a la sede de la organización en Wilmington pudimos conocer a voluntarios casi “permanentes” quienes son jubilados de las industrias, empresas y vierten toda su experticia recibiendo sólo sonrisas a cambio. “Vengo dos veces a la semana”, cuenta Herb Boden, “la paso bien y además le doy un rato de felicidad a mi esposa”, dice con picardía este químico jubilado de la Dupont.

Y que el mundo es un pañuelo lo demuestra el hecho de que mi vecino Arnold Lewis, quien me enseñó a cuidar mis árboles, es también un voluntario de Hábitat y, nada menos que el director de la organización, Kevin Smith, es el padre de unas de las alumnas de la Academia Las Américas de Aspira donde el famoso Sr. P, mi hijo, le dio clases de arte y música a su hija.

Conocer a los voluntarios de Hábitat fue una experiencia educativa. Supimos de los muchos proyectos que ya han sido terminados y de los que están en marcha, por ejemplo, Cooper Run que es un conjunto de 7 casas que serán entregadas el 14 de noviembre y, en las que durante nuestra visita estaban trabajando 40 personas, en su gran mayoría voluntarios (hombres y mujeres) bajo la dirección de Cody Hayes, un joven de 20 años que se graduó en técnicas de construcción y ha sido voluntario de Hábitat desde que tenía 13 años y es hijo de un hombre que le enseñó cuanto pudo sobre lo que tiene que ver con la edificación, mantenimiento y reconstrucción de viviendas.

Maritza Martínez explica que cualquiera puede ser voluntario tanto en la construcción, como en la tienda Restore que se dedica a la venta de una gran variedad de insumos para la construcción, desde tornillos a electrodomésticos pasando por puertas o ventanas, o finalmente trabajar en la oficina o quizás asistiendo a algunos de los talleres que ofrecen para los futuros compradores.

Ahora ¿usted se imagina pagar 150 a 200 dólares por la hipoteca de su vivienda PROPIA? Casi increíble, pero es cierto y eso es lo que se logra con Hábitat para la Humanidad y en futuros artículos les daremos a conocer cómo.

Si usted desea ser voluntario de Hábitat para la Humanidad puede visitar la página web http://habitatncc.org/ o llame al (302) 652-0365 ext. 110




Volunteers for Humanity

Habitat for Humanity always has its doors open to volunteers who want to do something different and worthwhile in their leisure time.

Maritza Martínez, the volunteer coordinator for Habitat for Humanity in new Castle County is a young dynamic lady always smiling and very passionate about her work which through she sees the true meaning of life. For Maritza, to volunteer is to be alive, and give back to the community of which we are part, and with "Habitat volunteers work together to provide the opportunity for families who do not even dreamed of owning their own home and make it a reality."

"It's a way to revitalize neighborhoods, helping people to be proud of owning their home instead of renting will always have people caring more about something it’s theirs," explains Martínez. Volunteers often are sponsored by the same companies they work for: industry, banks, etc. and they come in groups, but also individual volunteers come on their own. "It's a way to make new friends, meet people, and be part of the community."

During our visit to the headquarters of the organization in Wilmington we could meet almost "permanent" volunteers who are retired from the industries and companies, and they pour all their expertise receiving only smiles in return. "I come twice a week," says Herb Boden, "have a good time and also give a bit of happiness to my wife," says mischievously this retired chemist for DuPont.

And that the world is a very small place is evidenced by the fact that my neighbor Arnold Lewis, who taught me how to care for my trees, is also a volunteer for Habitat, and that the organization's director is no other than Kevin Smith, the father of one of the students of the Las Americas Aspira Academy, where the famous Mr. P gave art and music classes to my son.

Getting to meet the volunteers of Habitat was an educational experience. We learned about the many projects that have been completed and the other many that are underway, for example, Cooper Run is a set of 7 houses that will be finished on November 14 and in which during our visit 40 people were working on, the vast majority volunteers (men and women) under the direction of Cody Hayes, a 20 year old who graduated in construction techniques and has volunteered with Habitat since he was 13 years old and is the son of a man who taught him whatever he could about building, maintenance and reconstruction of houses.

Maritza Martínez explains that anyone can volunteer in construction sites as well as in the Restore store that sells a variety of supplies for construction, from screws and appliances to doors or windows, or eventually working in the office or perhaps attending some of the workshops offered for prospective buyers.

Now, can you imagine paying $150 to $200 for the mortgage on your OWN home? Almost unbelievable, but true and that is what is achieved with Habitat for Humanity and in future articles we will let you know how.

If you’d like to volunteer for Habitat for Humanity, you can visit the website http://habitatncc.org/ or call (302) 652-0365 ext. 110

Vida/Life

La Primera Cumbre Hispana de Delaware



Más de 300 personas buscan crear una agenda política hispana para Delaware.


First Hispanic Summit in Delaware

More than 300 people looking to create a Hispanic political agenda for Delaware.

Reanudando los Lazos



El sacerdote guatemalteco Silverio Chum visitó la diócesis de Wilmington por tercera vez, con la finalidad de renovar los lazos de amistad y solidaridad entre las diócesis de San Marcos, Guatemala y Wilmington Delaware.

 

 

 

 


Renewing the Ties

The Guatemalan priest Chum Silverio visited the Diocese of Wilmington for the third time, in order to renew the bonds of friendship and solidarity between the Diocese of San Marcos, Guatemala and Wilmington Delaware.

Perfile/Profile

Da el primer paso



John Quiñones, de la ABC, dice a los estudiantes que se mantengan enfocados en sus sueños


Take the first step

ABC's John Quiñones tells students to stay focused on their dreams

Opinión/Opinion

"¿Muerte con dignidad?"



Hoy me enteré que mi hija piensa que tengo una opinión unilateral en lo que respecta a mis puntos de vista sobre ciertas cosas, sobre todo cuando se refiere a cuestiones familiares.


“Death with Dignity?”

Today, I learned that my daughter thinks that I have a one sided opinion to my views on things, especially when it relates to family issues.

Cultura/Culture

Danzas de todo el Mundo



Un programa musical para descubrir las diferentes culturas y costumbres expresadas a través de la música con la presentación de las Orquestas Juveniles y de Cámara de ArCoNet.


Dances From Around the World

A Musical Program to discover the various cultures and customs conveyed through music featuring ArCoNet’s Youth and Chamber Orchestras

 

 

 

 

 

La Cultura Hispana en Delaware/Hispanic Culture in Delaware

Minellie



Mi nombre es Minellie González Santos. Tengo 18 años, nací en Yauco, Puerto Rico pero originalmente soy de Guayanilla, Puerto Rico


Minellie

My name is Minellie Gonzalez Santos. I ‘m 18years old, I was born in Yauco Puerto Rico but I’m originally from Guayanilla Puerto Rico

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