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Programa de Educación para Inmigrantes durante el Verano


El Tiempo Hispano




Programa de educación para inmigrantes durante el verano prepara a los estudiantes para su inscripción en otoño

Divididos en grupos, los estudiantes se agrupan alrededor de mesas y colaboran en un proyecto de póster. Cuando es hora de compartir el trabajo que han hecho, todos levantan las manos. Todo el mundo quiere hablar de primero. Al final del pasillo, estudiantes mayores están usando auriculares mientras estudian un programa de alfabetización independientemente, mientras un profesor se pasea entre ellos para ofrecer ayuda cuando lo necesiten. Después del almuerzo, todos los niños van a ponerse los trajes de baño para jugar en la piscina cubierta.

Este es un día típico de verano en Western Sussex Boys & Girls Club en Seaford, uno de los dos sitios donde cerca de 100 hijos de trabajadores inmigrantes del estado están teniendo acceso a ayuda académica y actividades de enriquecimiento este verano gracias al Programa de Educación de Inmigrantes de Delaware.

"Los niños inmigrantes ven interrumpida su educación. Este programa ayuda a compensar eso", dijo el Director del Programa Terry Richard. "La constante movilidad hace que sea difícil para ellos conseguir estabilidad académica. Los estudiantes inmigrantes dejan la escuela a principios de la primavera y se inscriben de nuevo tarde en el otoño para seguir los ciclos de producción de cultivos con sus padres. La escuela de verano para inmigrantes les ayuda a nivelarse de nuevo con sus compañeros".

Los niños (quienes califican para el programa gratuito si tienen entre 3 y 21 años de edad, se han mudado en los últimos tres años y sus padres trabajan en agricultura) estudian utilizando el sistema i-Read de Estándares Académicos y de Alfabetización de Inmigrantes CORE durante su lapso de tiempo académico diario en las mañanas.

La maestra Jhoana Pazmiño, que ha trabajado en el programa durante cinco años, destaca el progreso académico y social de los estudiantes desde el inicio del programa hasta el final del verano.

"Se puede ver el cambio en su vocabulario", dijo. "Se hacen más sociables, aprenden a jugar con los otros niños".

Richard dijo que el programa de verano prepara mejor a los estudiantes para las escuelas públicas de Delaware a las que van a entrar en el otoño.

"Han tenido instrucción y tutoría en lectura" durante el verano, dijo. "Hacemos una prueba inicial para determinar los niveles de alfabetización de cada estudiante inmigrante, a continuación, una evaluación intermedia y una prueba final para poder establecer el nivel de mejoría en la lectura a lo largo del curso. Además, el enriquecimiento personal es increíble, ya que viven experiencias que no podrían tener de otra manera".

Eso incluye excursiones a lugares como el Zoológico Salisbury y las playas de Lewes y eventos especiales en el club, como la reciente jornada del Día de la Naturaleza con presentaciones de socios como Abbott’s Mill, Trap Pond y Star Lab. En agosto, los niños mayores participarán en lo que se ha convertido en un concurso anual de arte culinario. Chefs voluntarios de Delaware trabajan con los estudiantes en una competencia amistosa tipo “Iron Chef” en la que convierten las mismas frutas y verduras que las familias migrantes están cosechando en los campos de Delaware en platos sabrosos.

"Rebanadas de sandía de Delaware a la parrilla están siempre en el menú, junto con platos de maíz fresco y postres de melocotones maduros. Es un evento muy creativo y sensorialmente rico en el que los estudiantes literalmente traen los productos más frescos directamente de los campos a la cocina. Aprenden términos de cocina, términos de medición en líquido y seco, temperaturas, seguridad alimentaria y trabajo en equipo", dijo Richard.

"Ayuda a los niños a ver el siguiente paso después de la cosecha, cuál es el resultado final", dijo. "Es una introducción a otra oportunidad de carrera. Los chefs hacen una presentación en el cierre de la jornada sobre las artes culinarias y cómo se convirtieron en cocineros".

Los padres también están invitados a las noches de la familia, en donde se presentan programas de las organizaciones de salud y de servicios sociales. El Consejo de Inmigrantes y Trabajadores Agrícolas de Temporada, uno de los socios de programas de inmigrantes del Departamento de Educación de Delaware, incluye agencias miembro que proporcionen una lista de los servicios de salud de la familia, prevención y tratamiento del cáncer de mama, odontología infantil e información de programas de vivienda justa.

Juan, un exitoso estudiante de séptimo grado que dice que ha estado asistiendo a la escuela de verano desde hace tres años, le gustan todas las excursiones y las divertidas actividades del campamento, pero su parte favorita del programa es i-Ready.

"Me muestra más cosas que yo no sé y que no he aprendido aún", dijo.

Ashley, que entrará en el cuarto grado este otoño, este es el segundo año que asiste al programa. Ella dice que el programa de verano la ayuda cuando ella vuelve a la escuela.

"Me desempeño mejor en matemáticas y lectura", dijo.

Los fondos para el programa provienen de la subvención de fondos federales de Título I, Parte C, con cada sede operando su programa de seis semanas por $ 70.000. Además de la dotación de personal y de la programación, la financiación cubre el transporte en autobús para los estudiantes, equipos (a cada estudiante se le da un traje de baño y una toalla, por ejemplo) y comidas (los niños reciben bocadillos en la mañana y la tarde, así como almuerzo todos los días). A cada niño se le dan mochilas y útiles escolares para asegurarse de que están listos para el semestre de otoño. Estirar un presupuesto pequeño significa un montón de trabajo para los empleados y una gran cantidad de asociaciones de parte de la comunidad.

Lucy Dutton, directora adjunta en la Western Sussex Boys & Girls Club, ha supervisado el programa durante cinco años. Ella dijo que su propia infancia difícil motiva su trabajo.

"Estos niños tienen un derecho y un valor", dijo. "Todos los niños merecen esa oportunidad para prosperar y ver que es posible prosperar".




Migrant Summer Education Program

Migrant summer education program prepares students for fall enrollment

Divided into groups, students crowd around tables collaborating on a poster project. When it is time to share their work, hands dart up. Everyone wants to go first. Down the hall, older students are wearing headphones as they independently study a literacy program, a teacher circulating to offer assistance as they need it. After lunch, all the children will don swimsuits to play in the indoor pool.

This is a typical summer day at Western Sussex Boys & Girls Club in Seaford, one of two sites where about 100 children of migrant workers in the state are accessing academic help and enrichment activities this summer thanks to the Delaware Migrant Education Program.

“Migrant children suffer from interrupted education. This program helps offset that,” Program Director Terry Richard said. “The constant mobility makes it hard for them to ever get their feet on the ground academically. Migrant students check out of school early in the spring and register late in the fall to follow crop production cycles with their parents. Migrant summer school helps them to get on track again.”

The children — who qualify for the free program if they are between 3 and 21 years of age, have moved within the past three years, and have parents employed in agricultural work —- study using the i-Ready for Common Core and Migrant Literacy CORE during their daily morning academic time.

Teacher Jhoana Pazmino, who has been working with the program for five years, notes the academic and social progress in the students from the start of the program through the end of the summer.

“You can see the change in their vocabulary,” she said. “They get more social — they learn to play along with the other kids.”

Richard said the summer program better prepares the students for the Delaware public schools they will enter in the fall.

“They have had reading instruction, reading tutorials” over the summer, she said. “We do an initial literacy test to determine each migrant student’s levels, then a mid-point and a final test so we are able to establish interim growth rates in reading. Plus, the enrichment is incredible — they get experiences they wouldn’t get otherwise.”

That includes field trips to places such as the Salisbury Zoo and Lewes beach and special events at the club, such as the recent Nature Day with presentations from partners such as Abbott’s Mill, Trap Pond and Star Lab. In August, the older children will participate in what has become an annual culinary arts contest. Delaware chefs volunteer, working with the students in an Iron Chef-like friendly competition as they turn the same fruits and vegetables the migrant families are harvesting in Delaware fields into tasty dishes.

“Slices of grilled Delaware watermelon are always on the menu, along with fresh corn dishes and desserts from ripe peaches. It’s a very creative and sensory-rich event with the students quite literally bringing the freshest of produce straight from the fields into the kitchen. They learn cooking terms, liquid and dry measurement, temperatures, food safety, and teamwork,” Richard said.

“It helps the kids to see the next step after harvest, what is the end result,” she said. “It is an introduction to another career opportunity. The chefs do a presentation at the close of the day about culinary arts and how they became chefs.”

Parents also are invited for family nights that bring in programming from health and social service organizations. The Migrant and Seasonal Farmworker Council, one of the Delaware Department of Education’s migrant program partners, includes member agencies that provide a slate of family healthcare services, breast cancer prevention and treatment, children’s dentistry, and fair housing information.

Juan, a rising seventh grader who says he has been attending for three years, likes all the excursions and fun camp activities, but his favorite part of the program is i-Ready.

“It shows me more stuff that I don’t know and haven’t learned yet,” he said.

Ashley, who will enter the fourth grade this fall, is attending the program for the second year. She says the summer program helps her when she goes back to school.

“I do math and reading better,” she said.

Funding for the program comes from federal Title I, Part C grants, with each site operating its six-week program on $70,000. In addition to the staffing and programming, the funding covers bus transportation for the students, supplies (each student is given a bathing suit and towel, for example) and meals (children receive morning and afternoon snacks as well as lunch daily). Backpacks and school supplies are given to each child to ensure that they are ready for the fall semester. Stretching the small budget means a lot of work for the staffers and a lot of partnerships from the community.

Lucy Dutton, assistant director at the Western Sussex Boys & Girls Club, has overseen the program for five years. She said her own challenging childhood motivates her work.

“These kids have a right and a value,” she said. “Every child deserves that chance to prosper and see it is possible to thrive.”

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