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Editorial


Gabriel Pilonieta-Blanco



Cuando nos preparamos, una vez más, a celebrar un mes de la herencia cultural hispana, recibimos la muy mala noticia

Cuando nos preparamos, una vez más, a celebrar un mes de la herencia cultural hispana, recibimos la muy mala noticia de que el Presidente Barack Obama se había retractado de su decisión de tomar cartas en el asunto de la ley de inmigración.

Debemos recordar que meses atrás aseguró que tomaría medidas ejecutivas para el final del verano si los partidos no llegaban a un acuerdo sobre la ley de inmigración.

La verdad no me esperaba un traspié de esta envergadura, el hombre transmitía otro talante, parecía dispuesto a correr todo tipo de riesgos con tal de cumplir su palabra empeñada desde aquellos ya lejanos días de su primera campaña electoral en que ofrecía poner remedio a la situación de millones de indocumentados que viven en este país.

Ahora nuevamente asegura que actuará “pronto” y como el cuento del lobo, ya nadie le cree.

Algunos incluso piensan que este nuevo retroceso más que una burla a los inmigrantes, es una muestra de debilidad en la maniobra política. Consideración que es por cierto la que menciona el señor presidente para justificar su retroceso: mejor esperar hasta después de las elecciones de noviembre (per sécula seculórum).

Lo que no es novedad es que el ritmo de las deportaciones se mantiene sin ningún retroceso, unas 1100 por día. No se trata de política sino de romper una promesa a la familia hispana.

Mal momento entonces para celebrar mientras millones siguen en las sombras. Podríamos decir que la luz al final del túnel es cada vez más débil.

La angustia en las familias se mantiene en la medida en que el número de familias separadas aumenta con el paso de los días y esto no debería ser un dictado de las maniobras políticas.

El domingo el presidente apareció en el programa Meet the Press para defender su decisión. “La verdad del asunto es – es que las políticas dieron un giro a mediados del verano a causa del problema [menores sin acompañantes]”, dijo Obama.

Es muy lamentable que hayan usado la crisis en la frontera, con los miles de niños viajando solos desde sus países, para crear una nueva dinámica del miedo.

La verdad es que este nuevo retroceso crea incertidumbre en los miles de muchachos que se acogieron a las medidas de acción diferida (DACA) quienes ahora piensan si el presidente no defenderá tampoco esa medida o dejará abierto el proceso de regularización de su situación o seguirá deportando a sus padres.

Está claro que 75 por ciento de los ciudadanos norteamericanos están a favor de una reforma migratoria, y comprender por qué no se logra un acuerdo se ha convertido en un oscuro acertijo que cada día le duele más a las familias hispanas.

Celebremos pues un mes de promesas incumplidas con la esperanza de que la sensatez llegue alguna vez a la arena política, y no sigan las familias siendo el juguete de las maniobras de los partidos.




Editorial

When we prepare once again to celebrate the Hispanic Heritage month, we received very bad news.

When we prepare once again to celebrate the Hispanic Heritage month, we received the very bad news that President Barack Obama had retracted his decision to take the matter of immigration law in his own hands.

We must remember that months ago he said he would take executive action by the end of summer if the parties did not reach an agreement on immigration law.

Actually I did not expect a slip of this magnitude. The man conveyed another mood; he seemed willing to take all kinds of risks in order to keep his word given since those early days of his first electoral campaign, when he offered to remedy the situation of millions of undocumented immigrants living in this country.

He again assures he will act "soon" and as in the big bad wolf story, nobody believes him.

Some even think that this new setback rather than a mockery to immigrants is a sign of weakness in political maneuvering. Consideration that is indeed the one mentioned by the President to justify his retreat: better wait until after the November elections (for ever and ever).

What is not new is that deportations have maintained their pace without any recoil, about 1100 per day. It is not a matter of politics but of breaking a promise to the Hispanic family.

Bad time to celebrate while millions remain in the shadows. We could say that the light at the end of the tunnel is getting weaker.

The anguish in families is maintained to the extent that the number of separated families increase with the passage of time and this should not be a dictate of political maneuvering.

On Sunday, President Obama appeared on Meet the Press to defend his decision. "The truth of the matter is - is that the politics did shift midsummer because of the [unaccompanied minors] problem," Obama said.

It is very unfortunate that the crisis on the border have been used, with the thousands of children traveling alone from their countries, to create a new dynamic of fear.

The truth is that this new setback creates uncertainty in the thousands of youngsters who benefited from the deferred action measures (DACA) who now ask themselves if the President will not defend the measure or if he will leave open the regularization of their situation or if he will continue deporting their parents.

It is clear that 75 percent of Americans are in favor of immigration reform, and to understand why an agreement is not achieved has become a dark riddle that every day hurts more Hispanic families.

Let’s celebrate then a month of broken promises in the hope that good sense gets into politics and that the families are no longer the toys of political ploy.

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