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Editorial


Gabriel Pilonieta-Blanco



Noticias como la de los 28 cadáveres hallados en una tumba común en Iguala, México,  me dejan perplejo.

Noticias como la de los 28 cadáveres hallados en una tumba común en Iguala, México, que posiblemente sean de estudiantes secuestrados durante una manifestación en una escuela para maestros, me dejan perplejo.

Me aturde pensar en las circunstancias en que un grupo de personas que se están preparando para educar en las zonas rurales de México, son secuestradas, maltratadas y finalmente asesinadas, desmembradas y quemadas para hacer imposible su identificación.

Todo apunta a una estructura corrupta que abarca al Alcalde de Iguala, Luis Albarca y su jefe de seguridad, en unión de una banda de delincuentes conocida por el nombre de “Guerreros Unidos”, quienes son acusados de tamaña atrocidad.

Al parecer todo comenzó el 27 de septiembre, cuando desaparecieron 43 estudiantes que habían participado en un acto de protesta en defensa de los derechos de los docentes en esta población de 130.000 habitantes, a dos horas y media de la capital. Las autoridades y delincuentes balearon la protesta, matando a seis estudiantes. Al resto se los llevaron en camionetas y no se volvió a saber de ellos.

Muchos otros están luchando por su vida en hospitales de la localidad, y se teme que puedan ser víctimas de otro intento de asesinato.

Hasta el momento, 22 agentes de la policía han sido detenidos en relación con el acto de violencia, pero al alcalde, José Luis Albarca, y su jefe de seguridad han desaparecido y se les considera fugitivos de la justicia.

El consulado de México en Filadelfia en un comunicado dijo que “Además de los primeros 22 detenidos, en las últimas horas fueron arrestadas 4 personas que son investigadas, 117 policías del municipio de Iguala son sometidos a exámenes de confianza y todas las armas de la policía municipal han sido incautadas para someterlas a pruebas de balísticas y para comprobar si se trata de armas reglamentarias”.

Al parecer la alianza entre las fuerzas gubernamentales locales y el crimen organizado es bastante frecuente en México, y la falta de justicia por los crímenes cometidos tampoco no es nada nuevo, pero muy pocas veces se ha llegado a una situación de tanto descaro de atacar a civiles a plena luz del día.

Los jóvenes muertos o desaparecidos en la masacre provienen de familias pobres de agricultores que asistían a una escuela para maestros llamada Ayotzinapa, que forma maestros para las áreas rurales más necesitadas. La escuela tiene fama también de secuestrar autobuses durante las manifestaciones y, de hecho, eso fue lo que hicieron en septiembre.

Las escuelas de la era revolucionaria están arraigadas en el compromiso del gobierno con la educación y la igualdad social, y siguen manteniendo los sueños de jóvenes pobres, a menudo indígenas, para forjar un futuro mejor para sí mismos, sus familias y su país. Siguiendo las políticas de reformas económicas y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), sin embargo, el gobierno federal quiere eliminar estas escuelas (y un enfrentamiento entre estudiantes que protestaban y la policía en 2011 provocó la muerte de dos estudiantes).

Según las autoridades locales, los Guerreros Unidos están disgustados con los estudiantes porque les perjudican el negocio y les achacan la culpa, mientras que, por otra parte, ven la oportunidad de acabar con movimiento de inconformidad por las reformas educativas y una escuela con fama de protestataria. Algo así como una limpieza social llevada a cabo por autoridades aliadas con delincuentes.

Independientemente de quién esté detrás de estos crímenes bárbaros, cabe preguntarse qué futuro le espera a la juventud rural mexicana, si sus mínimas esperanzas de superarse son truncadas de manera tan cruel, y no debe extrañarnos entonces, que miles de ellos intenten buscar cobijo bajo las alas del águila del norte.




Editorial

News like that of the 28 bodies found in a mass grave in Iguala, Mexico, perplexes me.

News like that of the 28 bodies found in a mass grave in Iguala, Mexico, possibly students kidnapped during a demonstration at a school for teachers, perplexes me.

It stuns me to think the circumstances in which a group of people, who are preparing themselves for teaching in rural Mexico, are abducted, abused and ultimately murdered, dismembered and burned to make identification impossible.

Everything points to a corrupt structure including the Mayor of Iguala, Luis Albarca and his security chief, together with a criminal gang known as "Guerreros Unidos” (United Warriors) who are accused of such an atrocity.

Apparently it all started on September 27th, with the disappearance of 43 students who had participated in a protest in defense of the rights of teachers in this city of 130,000, two hours away from the capital. The authorities and criminals gunned the dissenters, killing six students. The rest were taken away in vans and no one ever heard back from them

Many others are fighting for their lives in hospitals in the town, and it is feared that they can be victims of another assassination attempt.

So far, 22 police officers have been arrested in connection with the violence, but the mayor, José Luis Albarca, and his security chief have disappeared and are considered fugitives.

The Consulate of Mexico in Philadelphia said in a statement that "In addition to the first 22 detainees, in the last hours 4 people were arrested that are being investigated, 117 policemen from the town of Iguala undergo examinations and all city police weapons ​​have been seized to subject them to ballistics and check whether they are regulatory arms."

Apparently the alliance between local government forces and organized crime is quite common in Mexico, and the lack of justice for crimes committed is nothing new, but rarely has it reached a situation so boldly as to attack civilians in broad daylight.

The young people dead or missing in the slaughter are from poor farming families attending a school for teachers called Ayotzinapa, which trains teachers for the neediest rural areas. The school also has a reputation of hijacking buses during demonstrations and, in fact, that's what they did in September.

The revolutionary-era schools are rooted in the government’s commitment to education and social equality, and continue to sustain the dreams of poor, often indigenous, young people to forge a better future for themselves, their families and their country. In the wake of economic reforms and the North American Free Trade Agreement (NAFTA), though, the federal government has targeted the schools for elimination (and a clash between protesting students and the police in 2011 resulted in the death of two students).

According to local authorities, the United Warriors are upset with students because they hurt the business and blame them, while, on the other hand, they see the opportunity to end the dissatisfaction movement against the educational reforms and a school with a reputation for protests. Something like a social cleansing carried out by authorities allied with criminals.

No matter who is behind these barbaric crimes, one wonders what the future holds for the Mexican rural youth, if their minimum expectations to succeed are truncated so cruelly, so it is not surprising then that many of them try to find shelter under the American eagle's wings.

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