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Manuel Díaz Rivas: el borinqueneer de Delaware


Gabriel Pilonieta-Blanco




Díaz Rivas de 90 años es el único veterano sobreviviente en Delaware del 65 regimiento de infantería mejor conocido como los borinqueneer.

Manuel, a quien por cariño llaman Manolín, sus amigos, nació un 4 de mayo de 1924 siendo las cuatro de la tarde en Corozal, en la Isla de Puerto Rico. En ese pueblo central de la isla vivió hasta los 10 años edad cuando su padre, un hombre muy trabajador, creyente y severo, decide mudar a la familia a Río Piedras, en los alrededores de la capital, San Juan. En Corozal su padre tenía una finquita de 10 cuerdas que apenas daba para alimentarlos, y el hermano mayor que se había instalado en San Juan le consiguió un negocio, un colmado en el que trabajó hasta su muerte.

Manuel es el séptimo de diez hijos. “Nuestros padres se fajaron trabajando duro para criarnos con lo poquito que tenían, y con la poca preparación intelectual. El viejo solo tenía tercer grado, y mi mamá aprendió a escribir por su cuenta, y luego educaba a los niños del barrio en el catecismo”.

Tuvo una infancia tranquila, solo estudió hasta octavo grado mientras ayudaba a su padre en el negocio. Hasta que cumplió los 18 y al siguiente día fue llamado al servicio militar y le tocó presentarse. Ya era el cuarto de los hermanos que era llamado a las fuerzas armadas, a los tres mayores los enviaron a Panamá y a él lo mandaron a Europa, después del entrenamiento en Vega Baja, P.R. en el campamento de Tortuguero que debía su nombre a la cantidad de tortugas que poblaban el lugar. “Pero lo llamábamos Tortuguero por que el entrenamiento era muy fuerte, una tortura.” Luego de unos 8 meses, en 1944, fue enviado a Aruba con un batallón que estaría destacado para la protección de la refinería de petróleo, ya que los submarinos alemanes estaban hundiendo los tanqueros de petróleo en la ruta de Venezuela a la isla.

Tenía 19 años y fue enviado con otros 7.000 puertorriqueños a Europa. “Cuando desembarcamos en Marsella en el invierno de 1944, la misma noche cayó una nevada enorme que nos enterró con todo y tiendas de campaña. Estaba congelado y me tuvieron que llevar al hospital, no estuve mucho tiempo allí”.

Sus anécdotas de la guerra son simpáticas y recuerda una ocasión en que a su pelotón lo mandaron a una montaña por una carretera nevada donde solo cabía un auto. Esto era en los Alpes Marítimos, “allí estuve cuatro meses disparando al enemigo en escaramuzas dispersas contra los alemanes. Tuve suerte, para esa época, Hitler no había hecho mi bala”, se ríe.

“Formábamos parte del 65º de Infantería que estaba integrado por boricuas y de allí debe su nombre de borinqueneers, excepto algún comandante americano”, por cierto que su último comandante Harris en un libro de su autoría asentó que “no hay mejor soldado que el puertorriqueño”.

"El general de brigada William W. Harris, quien se desempeñó como comandante del regimiento durante las primeras etapas de la guerra de Corea, recordó que había sido inicialmente reacio a asumir el cargo debido a un ‘prejuicio’ entre los militares y ‘la sensación de los oficiales e incluso la dirigencia del Pentágono.... que el puertorriqueño no sería un buen soldado de combate... sé que mis contemporáneos se sentía de esa manera y, con toda honestidad, debo admitir que en aquel momento que tuve el misma sentimiento... que el puertorriqueño era un soldado un ron-con-Coca-Cola '... "'son los mejores soldados que he visto en mi vida.'"

La historia asienta que el 65º de Infantería desembarcó el 22 de septiembre de 1944 en Francia y entraron en acción en Peira Cava, en los Alpes. Luego de algunos enfrentamientos en los que perdieron 40 hombres, el regimiento fue enviado al distrito de Mannheim, en Alemania y fueron asignados a actividades de gobierno, anti sabotaje y seguridad,

La experiencia de Manuel Díaz continuó en Alemania donde estuvo destacado en la vigilancia de prisioneros primero y luego de instalaciones industriales, y como todo muchacho joven de 19 años, pues de dedicó a conocer chicas alemanas en los bailes que se organizaron después de la finalización de los combates. “Recuerdo a una chica Gertrudis, la pasamos bien”, dice con un toque de picardía, “con estas chicas aprendí algo de alemán”.

El 65º de Infantería, los Borinqueneers no habían salido nunca de la isla, jamás habían disparado un arma y los que habían completado la escuela hablaban algo de inglés; enrolarse se les presentaba como una oportunidad de estudiar por tres años y emigrar.

El regimiento se embarcó de regreso en Francia el 27 de octubre de 1945 y llegaron a Puerto Rico el 9 de noviembre.

Díaz, al regresar, se licenció el 5 de diciembre de 1945 y aprovechando una nueva ley para los veteranos (G.I. Bill of Rights) termina su bachillerato, estudia contabilidad (bookkeeping) pero nunca la practicó. Se enamoró de Amparo, una hermosa vecina que vivía justo al frente de la tienda de su padre, se casa y forma una familia.

A los 23 años ingresa en la guardia nacional, en el momento que estalla el conflicto de Corea, y se especializa en artillería y estudia cocina, con lo que llega a ser sargento de primera clase y encargado del rancho de la tropa. Esta experiencia más tarde le servirá mucho. Aunque los borinqueños fueron de nuevo activados, Manuel no viajó a la zona de conflictos sino que permaneció en los campos de entrenamiento de los nuevos soldados.

Durante años Díaz se dedicó a los negocios, en los que le fue bien algunas veces y mal otras, pero en general califica su vida como buena, “nunca tuve un año malo”, comenta. Manuel es un buen conversador y a sus 90 años tiene una vitalidad envidiable. Una de las cosas que disfruta es dar un fuerte apretón de manos cuando saluda a alguien. “A veces me paso y la gente se molesta”, pero enseguida cae bien.

En la actualidad, después de tres matrimonios (sus dos primeras esposas fallecieron) vive en un apartamento para retirados, maneja su propio auto cada mañana para ir al Senior Center donde disfruta jugando billar con sus compañeros. Le conocen como el bailarín porque le encanta la música, siempre está dispuesto a ayudar y, por supuesto, a contar un chiste en cuanto se presenta la oportunidad.

Cuando joven jugó volibol y softbol, recuerda que era pitcher y un día en la República Dominicana el entrenador le indicó que le tirara alta la pelota a un moreno grandísimo que iba a batear y “le dio tan duro que mandó la pelota al mar y anotaron hasta los coaches”, dice muerto de la risa.

Se siente muy orgulloso de sus dos hijas Amparo y María, ya que son muy inteligentes y hermosas. Se considera un hombre sencillo y piensa que la cualidad más importante de una persona es ser humilde.

Por mucho años los Borinqueneers fueron marginados y discriminados dentro de la fuerzas armadas, hasta que después de una larga campaña que tomó más de una década, el Presidente Barack Obama, en una ceremonia en la Casa Blanca el 18 de marzo de 2014, otorgó la Medalla de Honor, el elogio nacional más alto por valor en combate, a 24 soldados. Entre ellos hubo cuatro puertorriqueños premiados que recibieron la medalla póstumamente. Los 24 soldados habían previamente recibido la Cruz de Servicio Distinguido durante la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea o la de Vietnam. El congreso ordenó una investigación sobre la pasada discriminación en las filas con el intento de identificar a veteranos hispanos.

Y en Delaware, el Gobernador del Estado, Jack Markell, con motivo de la celebración de mes de la herencia hispana, firmó un tributo a los Borinqueneers en la persona de Manuel Díaz Rivas, el único sobreviviente del 65º Regimiento que vive en Delaware desde hace 30 años. Por nuestra parte, disfrutamos mucho conociendo a este veterano que cree en hacer el bien.




Manuel Díaz Rivas: Delaware’s borinqueneer

Ninety-year-old Díaz Rivas is the only surviving veteran in Delaware of the 65th Infantry Regiment, better known as the Borinqueneer.

Manuel, fondly called by his friends Manolín, was born on May 4th, 1924 at four in the afternoon at Corozal, on the island of Puerto Rico. In the central town of the island he lived until he was 10 years old when his father, a hard worker, believer and stern man, decided to move the family Río Piedras, near the capital, San Juan. In Corozal his father owned a small farm that was just enough to feed them, and the older brother who had settled in San Juan got him a business, a grocery store where he worked until his death.

Manuel is the seventh of ten children. "Our parents worked very hard to raise us with what little they had, and with little intellectual preparation. The old man had only third grade, and my mom learned to write by herself and then educated the children of the neighborhood in catechism."

He had a quiet childhood, studied only through eighth grade while helping his father in the business… until he was 18 and the next day he was called to military service and had to serve. It was the fourth of the brothers who was called to the armed forces, the oldest three were sent to Panama and he was sent to Europe, after training in Vega Baja, PR at Camp Tortuguero which was named after the many tortoises that inhabited the place. “But they called it Tortuguero because the training here was very strong, a torture.” After about 8 months, in 1944, was sent to Aruba with a battalion that would be in charge of the protection of the oil refinery because German submarines were sinking oil tankers in route from Venezuela to the island.

He was 19 and was sent with another 7,000 Puerto Ricans to Europe. "When we landed at Marseilles in the winter of 1944, we had a huge snowfall that same day that buried us, tents and everything. I was frozen and had to be taken to the hospital. I wasn’t there long."

His stories of war are nice. He remembers a time when his platoon was sent to a snowy mountain road where only one car fitted. This was in the Alpes Maritimes, "I was there four months shooting the enemy in scattered skirmishes against the Germans. I was lucky that at that time, Hitler had not made a bullet with my name," he laughs.

"We were part of the 65th Infantry which was composed by Puerto Ricans (except some American commander) and hence takes its name borinqueneers;" by the way his last commander Harris in a book he authored stated that "there is no better soldier than the Puerto Rican."

"Brigadier General William W. Harris, who served as the Regiment's commander during the early stages of the Korean War, later recalled that he had initially been reluctant to take the position because of 'prejudice' within the military and ‘the feeling of the officers and even the brass of the Pentagon . . . that the Puerto Rican wouldn't make a good combat soldier. . . . I know my contemporaries felt that way and, in all honesty, I must admit that at the time I had the same feeling . . . that the Puerto Rican was a rum and Coca-Cola soldier.'... "'the best damn soldiers that I had ever seen.'"

History says that the 65th Infantry landed on September 22, 1944 in France and saw action in Peira Cava in the Alps. After several clashes in which they lost 40 men, the regiment was sent to the district of Mannheim, Germany, and was assigned to government activities, anti-sabotage and security.

The experience of Manuel Díaz continued in Germany where he was in charge of guarding prisoners first and then industrial facilities, and like any 19-year-old young boy, he devoted himself to knowing German girls at dances that were organized after the completion of fighting. "I remember a girl, Gertrude, we had a good time," he says with a hint of mischief, "with these girls I learned some German."

The 65th Infantry, the Borinqueneers, had never left the island, had never fired a gun and those who had completed school spoke some English. Enlisting was an opportunity to study for three years and emigrate.

The regiment embarked back in France on October 27th, 1945 and came to Puerto Rico on November 9th.

After returning, Díaz got licensed on December 5th, 1945 and taking advantage of a new law for veterans (GI Bill of Rights) he finished his high school, studying accounting (bookkeeping) but never practiced. He fell in love with Amparo, a beautiful neighbor who lived right across from the store of his father; he married and began a family.

At 23 he joined the National Guard, when the conflict broke out in Korea, specializing in artillery and studying for cook, with what he became sergeant first class and in charge of the troops' ranch. This experience will serve him well later. Although Puerto Ricans were again activated, Manuel did not travel to the area of conflict but remained in the fields of training for new soldiers.

For years Díaz was an entrepreneur. He did well sometimes and bad others, but in general he describes his life as good, "never had a bad year," he says. Manuel is a good conversationalist and at his 90 years has an enviable vitality. One of the things he enjoys is to give a firm handshake when greeting someone. "Sometimes I squeeze too hard and people get upset," but he is liked immediately after.

Today, after three marriages (his first two wives died) he lives in an apartment for the retired, drives his own car every morning to go to the Senior Center where he enjoys playing pool with his teammates. He is known as the dancer that loves music, is always willing to help and of course to tell a joke when he sees the opportunity.

When he was young, he played volleyball and softball; he remembers when he was a pitcher and one day in the Dominican Republic the coach asked him to pitch him a high ball to a huge black guy at the plate and “he hit so hard that he sent the ball into the sea and even the coaches scored," he says dying with laughter.

He is very proud of his two daughters Amparo and María because they are very intelligent and beautiful. He considers himself a simple man and believes that the most important quality in a person is to be humble.

For many years the Borinqueneers were relegated and discriminated against within the armed forces, until after a long campaign that took more than a decade, President Barack Obama, in a ceremony at the White House on March 18th, 2014, awarded the Medal of Honor, the nation's highest commendation for valor in combat, to 24 soldiers. Among them were four Puerto Ricans awarded the medal posthumously. The 24 soldiers had previously received the Distinguished Service Cross during World War II, the Korean War or the Vietnam War. Congress ordered an investigation into past discrimination in the ranks with the intent of identifying Hispanic veterans.

In Delaware, Governor Jack Markell, on the occasion of the celebration of Hispanic Heritage month, signed a tribute to the Borinqueneers in the person of Manuel Díaz Rivas, the only survivor of the 65th Regiment who lives in Delaware since 30 years ago. As for us, we enjoyed getting to know this veteran who believes in doing good.

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