Syndicate content

User login

Advertisement

Add content

Lo que se debe saber sobre el Congreso hoy en día


Lee H. Hamilton



Bajo en popularidad y con una producción vergonzosa el Congreso se encuentra en su receso del mes de Agosto.

Tras un descanso de cinco semanas, regresará el 9 de Septiembre dejando tan solo un par de días para resolver temas como fijar el límite de la deuda pública y aprobar el presupuesto federal.

 

He aquí varios puntos que se deben entender sobre la posición del Congreso a estas alturas:

-          Muy pocos congresos, si acaso uno, le llegan a los talones de la inutilidad al presente. Consiguió ayudar a algunas comunidades durante el Huracán Sandy y llegar a un acuerdo durante la propuesta presidencial , pero en su mayoría no puede hacer nada – sin importar la preferencia política. La revocación del Obamacare, las acciones climáticas, el “gran acuerdo” sobre nuestros problemas fiscales, la reforma educacional y de impuestos, la creación de empleos, el refuerzo de las leyes sobre armas…  y la lista continúa, aunque hay apenas, algo de esperanza sobre la reforma inmigratoria. Hace unas semanas el orador John Boehner le dijo a los estadounidenses que no juzguen a su Congreso por el número de leyes que pasa, sino por cuantas revoca. No ha tenido éxito en ninguna de las dos.

-          El proceso de obtener un presupuesto es  caos. Han pasado años desde que el Congreso ha formado un presupuesto siguiendo el orden convencional, pero hasta en su bajo estándar actual, este año ha sido un desconcierto. Ningunas de las leyes de presupuestos que se necesitan para que el gobierno funcione a partir del 30 de Septiembre han sido promulgadas. “Es común que el Congreso deje las peleas sobre presupuestos hasta el último momento”  escribió la escritora Janet Hook del periódico Wall Street Journal en la víspera de la partida del Congreso, “pero el proceso de presupuestos parece tan a la deriva que los congresistas veteranos dudan que haya una resolución.” Los presupuestos son la función más básica de un gobierno, y el Congreso no puede arreglárselas.  

 

-          A los miembros del Congreso no les gusta hacer concesiones. Los partidos están divididos ideológicamente más que nunca antes, unos ferozmente hostiles hacia el gobierno y otros convencidos que el gobierno puede hacer cosas buenas. Ninguno puede hacer nada sin la ayuda del otro. Ésta es la norma bajo la cual los legisladores responsables toman un paso adelante para crear un consenso. Sin embargo en este Congreso, o no saben cómo llegar a un consenso o no están interesados. No obstante un rayo de esperanza existe, ya que más miembros parecen responder a las encuestas que demuestran la creencia de los estadounidenses en la importancia de que los partidos lleguen a un consenso y no se adhieran a sus puestos. Puede que no lleguen a un acuerdo, pero algunos hablan de que tan lejos están dispuestos a conceder.  

-          Aun así, vale la pena notar que actualmente uno de los partidos congresistas es extremadamente difícil de liderar. Los Republicanos están fracturados y en riñas sobre su camino a futuro. Esto me hace simpatizar con la tremenda tarea a la que se confronta el liderazgo Republicano.  

-          Casi nadie piensa que el Congreso está haciendo un buen trabajo – se encuentra continuamente en menos del 20% del índice de aprobación. No obstante, los miembros no están muy preocupados. Se han vuelto habilidosos para correr en contra de Washington, aunque ellos son Washington. Y cuentan con el hecho de que pocos votadores culpan a los miembros por las faltas del Congreso, sin importar que tan poco popular se haya vuelto el Congreso.

-          Mientras que la muchedumbre de  cabilderos descienden sobre el Capitolio, cargan más poder que nunca. Llueven dinero, tuercen brazos y hasta crean proyectos de leyes – todas las cosas que líderes congresistas poderosos solían hacer. Ante sentimientos arrolladores sobre la masacre de Newtown, la derrota de la Asociación Nacional de Rifles (NRA) sobre la legislación para fortalecer la revisión de antecedentes penales para la compra de armas no fue más que una demostración sorprendente de predominio político y un ejemplo del poder para influenciar de los cabilderos y aquellos con intereses personales. Quizás esta es la razón por la que un buen número de mis compañeros de trabajo han logrado un nivel de vida elevado al volverse cabilderos.

-          Finalmente, todo esto contribuye al tema de la campaña congresista del 2014. Los candidatos irán en contra del caos en Washington, y un buen número, aunque no todos, hablarán sobre la necesidad de ser bipartidistas. La gran pregunta para el 2015 será si los congresistas exitosos podrán traducir su discurso a legislación  para ayudar a que el país siga adelante.   

 

Lee Hamilton es el Director del Centro sobre el Congreso en la Universidad de Indiana. Fue miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos por 34 años.

 

 

 

 




What You Need to Know about Congress Right Now

Deeply unpopular and flagrantly unproductive, Congress is on its August recess right now.

It won’t return until Sept. 9, after a five-week recess, leaving itself just a few days to settle issues like raising the debt ceiling and passing a federal budget.

 

Here are some things you should know about where it stands at this stage of the game:

 

— Few, if any, Congresses can match this one for futility. It managed to help out some communities in the wake of Hurricane Sandy and to reach a deal on presidential nominations, but mostly it can’t get things done — whatever your politics. The repeal of Obamacare, action on climate change, a “grand bargain” on our fiscal problems, education and tax reform, creating jobs, strengthening gun laws... the list of dropped balls is long, although there is still hope for immigration reform, if just barely. A few weeks ago Speaker John Boehner told Americans not to judge Congress by how many laws it passes, but by how many it repeals. It hasn’t succeeded on either count.

 

— The budget process is a mess. It’s been years since Congress put together a budget according to its regular order, but even by its recent low standards this year has been chaotic. None of the appropriations bills needed for the government to continue running after Sept. 30 has been enacted. “It is common for Congress to leave big budget fights until the last minute,” the Wall Street Journal’s Janet Hook wrote as Congress left town, “but the budgeting process now seems so adrift that even congressional veterans find it hard to see a resolution.” Passing a budget is the most basic function of government, and Congress can’t manage it.

 

— Members of Congress do not like to compromise. The parties are more divided ideologically than they’ve been for many decades, with one side fiercely hostile to government and the other convinced that government can accomplish good things. Neither side can get things done on its own. That’s pretty much the definition of when responsible lawmakers step forward to build a consensus. Yet in this Congress, either they don’t know how or they’re not interested. A glimmer of hope does exist, as more members respond to polls showing Americans believe it’s more important for the parties to compromise than to stick to their positions. They may not be able to come to agreement, but some of them are talking about how willing they are to reach across the aisle.

 

— Even so, it’s worth noticing that one of the congressional parties is extraordinarily difficult to lead at the moment. The Republicans are fractured and squabbling over their future direction. This makes me sympathize with the formidable task the Republican leadership confronts.

 

— Hardly anyone out there thinks Congress is doing a good job — it’s consistently below 20 percent approval ratings — and most people think it’s too partisan. Yet members aren’t very concerned. They’ve become quite skilled at running against Washington, even though they are Washington. And they count on the fact that few voters hold their own member of Congress responsible for its shortcomings, however unpopular Congress as a whole has become.

 

— As lobbyists descend in swarms on Capitol Hill, they hold more power than ever. They rain cash, twist arms, and even draft bills — all the things that powerful congressional leaders used to do. The NRA’s defeat of legislation strengthening background checks for gun purchases, in the face of overwhelming public sentiment after Newtown, was nothing less than an impressive display of political clout and an example of how influential lobbyists and special interests have become. Perhaps this is why a good number of my former colleagues have made a tidy living for themselves by becoming lobbyists.

 

— Finally, all of this contributes to the emerging themes for the 2014 congressional campaign. Candidates will clearly run against the mess in Washington, and a good number of them, though not all, will talk regularly about the need to be bipartisan. The big question for 2015 will be whether the successful ones can translate their talk into legislation to help move the country forward.

 

Lee Hamilton is Director of the Center on Congress at Indiana University. He was a member of the U.S. House of Representatives for 34 years.

Advertisement

Advertisement

Advertisement